miércoles, 8 de septiembre de 2010

LA POBREZA - UN ACTO HUMANITARIO A EXAMINAR.

 

Las mujeres y los niños llevarán la peor parte del impacto de la crisis económica mundial.

 La recesión mundial se sigue agravando y el impacto de la crisis financiera y económica sobre los pobres se hace visible. Si bien se habla de algunos indicios esperanzadores, el impacto sobre muchos de los países en desarrollo sólo ahora comienza a hacerse evidente. Las consecuencias de sacar a un niño de la escuela o de usar comida menos nutritiva – debido a la pérdida de empleo y de ingresos – seguirán teniendo un grave efecto hasta mucho después de que la recuperación económica haya comenzado. Es por lo tanto esencial que la comunidad internacional comience a examinar y a responder a las posibles implicaciones sobre el desarrollo humano que pueda tener la crisis. Puede ser inevitable que se dé un paso atrás si no se toman ahora medidas serias y decisivas.
Es evidente que las familias pobres y de bajos ingresos lo están pasando mal. El Banco Mundial indica que entre 55 y 90 millones más de personas pasarán al nivel de extrema pobreza como resultado de la crisis, que se sumarán a los 160 a 200 millones que se estiman cayeron en la pobreza a raíz del aumento en el precio de los alimentos entre 2005 y 2008.
Las mujeres y los niños son especialmente vulnerables. El impacto de la crisis será algo más que pasarlo mal en la actualidad: habrá también implicaciones a largo plazo en la educación, la salud y el empleo, y en las posibilidades de crecimiento. A medida que sus ingresos disminuyen, los pobres no podrán permitirse comida nutritiva, servicios de salud y escuelas para sus hijos. Además, los presupuestos gubernamentales sin duda se apretarán, especialmente si los ingresos por impuestos, exportaciones, inversiones extranjeras y otros amenazan con desaparecer. Esto pasará en el mismo momento en que se hace más crucial que nunca la necesidad de un mayor gasto público sobre servicios públicos esenciales.

Más allá de una pérdida de ingresos

El resultado puede llegar a ser devastador, especialmente para los más vulnerables. Una disminución en el PIB de un país en desarrollo se puede traducir en un deterioro grave de la salud de los niños, ya que se hace más imposible acceder al agua potable, la comida nutritiva y los cuidados de salud pre y post natales. La malnutrición de los niños puede extenderse y los niños pueden comenzar a dejar de ir a la escuela. Ya hay informes de Zambia, Bangladesh y Kenya que indican que el hambre está haciendo que los niños dejen de ir a la escuela, especialmente cuando tienen que viajar grandes distancias.
Los padres también están sacando a los niños de la escuela para que comiencen a trabajar. El PNUD está siendo testigo de este fenómeno en Pakistán, donde hasta la mitad de los niños del país trabajan actualmente, fenómeno que comenzó con la crisis alimentaria en 2008. Además, los niños, niñas y mujeres jóvenes se enfrentan a un riesgo cada vez mayor de ser víctimas del tráfico humano y del trabajo del sexo como resultado de la escasez de alimentos y de empleo. Las niñas y las mujeres jóvenes de algunas comunidades de Kenya y Zambia, por ejemplo, cada vez más se dedican al trabajo del sexo por desesperación económica, mientras que las maestras de Nairobi han indicado que hay un aumento en los embarazos de las alumnas ya que las niñas cambian favores sexuales por comida.

Pasando la pobreza a las generaciones futuras

Cuando los niños crecen sin educación y víctimas de los efectos de la malnutrición, sufren consecuencias irreversibles físicas y cognitivas en su desarrollo. La pobreza pasajera puede tener consecuencias a largo plazo, lo que, a su vez, afecta las perspectivas de desarrollo humano y económico a largo plazo del país. Ello quiere decir que lo que se pierde hoy se puede traducir en pérdidas para las generaciones futuras. Sin embargo, una intervención inmediata para mejorar la nutrición de los niños podría resultar en mejoras en productividad e ingresos de las personas.
El momento de que todos los socios del desarrollo cumplan con sus promesas a los más pobres y vulnerables ha llegado. La ayuda, el libre comercio y las políticas adecuadas tienen que asegurar que la crisis mundial de hoy no afecte las posibilidades de desarrollo del mañana.
Cortesia :PNUD.